Maravilloso país donde, el norte es surcado por los Samis atravesando tierras de estepa tras la migración de los renos (cultura nómada en completa armonía con la tierra, a la que le cantan con sus tambores hechos con la piel de los renos), donde además se observa el increíble sol de medianoche (con 24 horas de luz desde finales de Junio a principios de Agosto).
Sus fiordos, glaciares, cascadas, islas, y pueblos singulares son otra bendición para la vista.
La cultura bikinga es realmente sobrecojedora porque eran auténticos guerreros y valientes (ya que si morías luchando, te esperaba el paraíso lleno de lujos y placeres...).
Con su gastronomía probé por primera vez carne de ballena, pero lo que más me gustó fue la carne de reno en todas sus variedades (en hamburguesa, estofado, a la plancha, etc).
Su ley de libre tránsito y en contra de la contaminación visual, hace que disfrutes de un país donde no hay muros, ni vayas, ni carteles publicitarios. Puedes vagar libremente y pernoctar con tu caseta de campaña, siempre y cuando estés a más de cincuenta metros de las casas y no sea más de dos días. Tal es así, que incluso la familia real respeta esta ley y puedes sentarte en las escaleras del palacio real en Oslo a comerte tu picnic.
En invierno, para poder desplazarse, tienen que mirar el horario de los quita nieves para ir justo detrás, y todos siempre tienen un sofá cama por si alguién no ha podido regresar a casa tras el último quitanieves, tocan el timbre, y aunque no te conozcan te ofrecen cama. Y cuando hace más de menos treinta grados centígrados, es cuando los niños no van al colegio por considerarse muy frío (como si -25ºC no fuese frío!!!).
Su capital, Oslo, situada junto a un fiordo es perfecta para conocer aún más de cerca toda su cultura en sus múltiples museos.... y eso sí, no hay que dejar de asistir a algún evento en su nuevo auditorio, el cual es precioso por reflejar su luz sobre el agua del fiordo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario